PÁGINA 12. Víctor Santa María habla del presente y futuro del diario

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Los convulsionados tiempos que viven los medios de comunicación con los nuevos vientos políticos también afectan a Página/12, diario que quedó fuertemente emparentado al kirchnerismo por su línea editorial y que tendrá un nuevo dueño: Víctor Santa María, titular de Suterh (gremio de encargados de edificios) y del PJ en la Ciudad de Buenos Aires.

Ya tiene un acuerdo para fusionar su grupo de medios Octubre con el de los dueños del matutino. Todavía resta la firma definitiva, pero ante PERFIL Santa María ya habla como si fuese un hecho.

—¿Por qué decidió comprar “Página/12”?
—Fue una decisión de todo el grupo, charlando con la gente de Página/12. No compramos, sino que fusionamos los dos grupos. Y vamos a trabajar, como se viene haciendo, con una línea editorial que compartimos. Y tiene muy buenas plumas que hacen lo que hoy es Página/12, un formador de opinión y un generador de agenda política.

—¿Qué es lo que le atrae?
—Nosotros creemos que las grandes transformaciones son culturales. Y que los medios para llevarlas adelante son los de comunicación. Cambio que vemos desde nuestra visión, que es la visión de los trabajadores, y también de un contexto de país, que tiene que ver con nuestro movimiento nacional.

—¿Qué cambio se imagina en “Página/12”?
—La idea no es hacer grandes cambios. Nuestro aporte estará en modernizar ciertas cosas que nos permitan llegar más al público. Hoy por ejemplo no tiene una aplicación web importante. Y por el contexto nacional yo creo que la gente va a consumir mucho más medios como los de Página, porque va a buscar ahí la campana disonante fuera de la hegemonía que ya vemos.

—“Página/12” quedó muy emparentada con el kirchnerismo, ¿eso se va a mantener?
—Página no está dentro de lo que fue el periodismo militante. Tuvo también posiciones críticas. Pero sí fue cercano a muchas de las medidas que se tomaron en los gobiernos de Néstor y Cristina. Me parece que lo que pasó estos años es que hubo un corrimiento con la información. Hoy todos sabemos que Magnetto es Clarín, qué defiende La Nación, qué Perfil. Hay una transparencia más clara. Se demostró que no existe el periodismo independiente. Todos tenemos posiciones, algunos más objetivas que otros.

—¿Se lo imagina como foco de resistencia kirchnerista?
—No lo diría como un tema de resistencia. Seguramente como una voz muy crítica a muchas de las medidas que viene tomando el gobierno de Macri. Visión crítica que no van a dar Clarín ni La Nación.

—“Página/12” se vio beneficiada por la publicidad oficial durante estos años, ¿su solidez estará garantizada?
—Si va a mantener la pauta o no es una pregunta para hacerle al Gobierno. Hoy Página es un proyecto económicamente viable y depende de dos factores: la venta y la publicidad. Página/12 ha tenido publicidad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuando estaba Mauricio. Por ahí tenemos que desarrollar más el canal de la pauta privada, algo que no tenemos y es importantísimo para seguir creciendo.

—El Grupo 23 fue otro beneficiado y termina diluido.
—No sé cuál es el esquema de negocios de ellos. Ni qué hicieron con la plata que les dieron.

—¿Cómo analiza el nuevo escenario de los medios?
—Los medios dependen de los intereses. Hay cierto cerrojo en los dos medios más grandes, que cuidan de modo militante al actual presidente. Y después medios con una posición un poco más crítica.

 —¿Los cambios a la Ley de Medios cómo los toma?
—Son un retroceso grande para la democracia argentina. Nuevamente tiende al monopolio de los medios, achica la diversidad de voces. Yo hoy podría comprar diez radios y estaría dentro de la ley.
—¿Por qué considera que las empresas, tanto K como anti K, apoyaron?

—Porque fueron beneficiadas. El que tiene posibilidad de agrandarse, algo que la ley impedía, por supuesto que va a estar a favor. El capital no tiene ideología.

De Lanata a los Kirchner
El primer número de Página/12 salió a la calle el 26 de mayo de 1987 y en sus ya casi 30 años de vida atravesó por diferentes etapas. Su fundador fue Jorge Lanata, que con menos de 30 años le dio una impronta novedosa al diario, que rápidamente se destacó en el mercado de los diarios en la Argentina. Lo acompañaba Ernesto Tiffenberg, quien actualmente es su director periodístico.

Con un estilo irreverente, el matutino se posicionó por su línea editorial crítica de los poderes de turno, ya sea políticos como empresariales, judiciales o militares.

Luego de su salida, Lanata lanzó que Clarín había comprado Página/12, algo que nunca se comprobó. Finalmente, durante el kirchnerismo el diario no ocultó su simpatía con el gobierno, algo que también se vio reflejado en la distribución de la pauta oficial, donde fue uno de los más beneficiados. Sus actuales dueños son Fernando Sokolowicz, Jorge Prim y Hugo Soriani.

 

Estado y sistema de medios: una relación compleja

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Entrevista a Martín Becerra

La confusión entre pauta oficial y subsidios es funcional a la corrupción

Por Conrado Yasenza

(para La Tecl@ Eñe)

Martín Becerra es un riguroso analista de los procesos de concentración de medios en América Latina y ha participado en numerosos debates sobre regulación de medios en la región. Doctor en ciencias de la información por la Universidad Autónoma de Barcelona, Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), investigador independiente en el Conicet y profesor titular por concurso en la Universidad Nacional de Quilmes y en la UBA. En esta entrevista Becerra analiza las nociones de pauta oficial y subsidios, plantea la necesidad de entender las diferencias entre estos dos conceptos y enumera una serie de políticas superadoras de la discriminación histórica y actual que caracteriza el uso de recursos públicos como publicidad oficial.

– La pauta oficial concentrada en un gobierno de un único color político presiona y condiciona la pluralidad de voces. En ese sentido, cuáles serían las formas más adecuadas de distribución de la pauta oficial teniendo en cuenta que los medios que no cuentan con otros recursos, o unidades operativas de negocios, necesitan la pauta oficial para subsistir.

– Los recursos que los gobiernos usan como publicidad oficial tienen, en los hechos, tres funciones: por un lado, establecen un vínculo económico para condicionar la línea editorial de medios, productoras, conductores y periodistas; en segundo lugar, subsidian o ayudan a medios, productoras, conductores y periodistas en su sostenimiento; en tercer lugar, el menor en su importancia, difunden actos de gobierno. Los tres objetivos no son excluyentes y en muchas ocasiones los vemos combinados.

Los fuertes intereses entre medios y política impidieron, hasta ahora, que se haya regulado y que se dispongan por ley criterios claros, no discriminatorios y públicos en la materia. A la vez, hay que recordar que la mayoría de los medios en la Argentina no existiría sin asistencia económica estatal, que no es obligación estatal sostener económicamente medios privados pero que sí es obligación del Estado -incumplida, por cierto- que si tiene líneas de financiamiento hacia los medios, debe entonces ser ecuánime y no discriminador.

Ahora bien, como decís, el gobierno de Macri, al controlar las tres principales cuentas estatales (Nación, Provincia de Buenos Aires y Ciudad), podrá articular su estrategia de comunicación sin recargar el presupuesto y, como no habrá competidores de su talla en el mercado publicitario (que sí tuvo Macri como jefe porteño), tiene la doble oportunidad de atenuar la fusión entre el color partidario y el de la gestión y de adecentar un área con el lastre del affaire Niembro. Si aprovechara esta oportunidad, el PRO cambiaría un eslabón clave de su ADN, ya que el bombeo publicitario le es constitutivo (de hecho, el gasto per cápita en pauta del gobierno porteño es mayor que el del gobierno nacional).

Si tuviera que sugerir políticas superadoras de la discriminación histórica y actual que caracteriza el uso de recursos públicos como publicidad oficial, en primer lugar diferenciaría políticas estatales de subsidios al sector de los medios, en donde obviamente correspondería a su vez organizar esos subsidios en función del aporte a la producción local, independiente, alentando diversidad de géneros, temáticas, contenidos y actores sociales y geográficos. Muchos Estados en el mundo tienen regulados los subsidios a medios y organizaciones de comunicación como productoras. Si se diferenciara subsidio y de publicidad oficial, ésta tendría como razón de ser la difusión de los actos de gobierno, una obligación republicana. Pues bien, el monto de la publicidad oficial se reduciría significativamente -a cambio de regular por ley un sistema de subsidios-. El propósito de la publicidad oficial, en teoría, es informar sobre asuntos de interés público, lo cual incluye temas ligados a la salud, a la educación, a la seguridad, a la realización de elecciones, por ejemplo. Pues bien, con la separación de la lógica de subsidio de la de la publicidad oficial se despejaría una confusión que, en definitiva, es funcional a la discriminación y a la corrupción y que, según el Sistema Interamericano de DDHH, es concebido como un mecanismo de “censura indirecta”.

En segundo lugar, plantearía que tanto para los subsidios como para la publicidaddeberían respetar criterios públicos y no discriminatorios, tanto a la hora de planificar esas inversiones como en su uso.

En tercer lugar, debe garantizarse el acceso a la información sobre todo el proceso de contratación y de uso (quién, cómo y cuándo recibió esos recursos, en qué los empleó). Esto refiere asimismo a otra cuestión, directamente vinculada a ésta, y es la auditoría integral y pública de las políticas en esta materia.

En cuarto lugar, ni los subsidios ni la publicidad oficial deben discriminar por opinión o línea editorial. Una vez dispuestos los criterios, todos los medios que califiquen en cada línea de subsidio (o campaña publicitaria) deben recibir el mismo porcentaje. Por ejemplo, si se realiza una tabla jerarquizando el ítem noticias locales, todos los que tengan un informativo local de x cantidad de minutos recibirán igual pauta, sean oficialistas u opositores.

Asimismo, los criterios de adjudicación deben estar escritos, regulados y la ponderación entre los distintos ítems ser conocida por todos.

Estos son los parámetros del sistema interamericano de DDHH.

Una vez separado lo que es subsidio de lo que es publicidad oficial, y que ésta sería reducida significativamente en su incidencia, creo que los criterios mínimos para planificar su distribución serían:

a) Alcance de cada medio (no significa audiencia, pues un medio chico puede tener un alcance local mayor que un medio grande con enorme audiencia)

b) Perfil del público según cada campaña.

c) Precios del centímetro/minuto/link en cada caso.

d) Impacto local.

e) Circulación o audiencia.

f) Contenidos locales producidos por el medio (no es lo mismo que “impacto local”).

g) Situación legal/económica del medio (ante el fisco, cantidad de trabajadores, empleo en blanco, etc.)

h) Porcentaje de participación de los medios comunitarios/sin fines de lucro en esa distribución.

– ¿No son parámetros muy vinculados a las reglas del mercado?

– Aclaro que estos son criterios adaptados de la contribución realizada al respecto por el Sistema Interamericano de DDHH. A mí no me parece que el planteo esté traccionado por criterios de mercado o que esté fundamentalmente determinado por eso, porque aclaré que el componente de subsidio, que considero más importante, tendría otros criterios. Ahora bien, el componente de pauta publicitaria sí incorpora algunos criterios del mercado publicitario porque, aunque parezca elemental, estamos hablando de “publicidad” oficial. Sin embargo, la lectura de esos criterios que yo sugeriría a una política pública en la materia se combina con otros criterios de funcionamiento del sistema de medios incluyendo a comunitarios y sin fines de lucro, además de ponderar lo local. Ahora bien, no se me ocurre un mecanismo o sistema que, sin ser discrecional, permita sostener criterios de distribución de publicidad oficial y que a la vez excluya todo criterio de mercado. Si se separara publicidad de subsidios, entonces los criterios para asignar subsidios no tendrían por qué tener relación dependiente con el mercado, pero si hablamos de “publicidad” oficial, entonces hay que pensar en campañas publicitarias, públicos-objetivo, etcétera.

– En países como Francia o Canadá existen sistemas para otorgar subsidios. En Francia, por ejemplo, los subsidios están vinculados a la compra de diarios de poca tirada por parte de escuelas para la enseñanza de lectura de periódicos.

– Sí, ese es un ejemplo. Otra política que aplican, siempre dentro del componente “subsidio” (insisto en que está diferenciado del de publicidad oficial) es apoyar económicamente a medios comunitarios específicamente (con especial hincapié Francia); otra es que se subsidia la producción de noticias locales, en otros casos, producciones independientes.

– ¿Coincide con la idea de relación extrema entre subsistencia de medios y pauta oficial, y en ese sentido, de grados de condicionamiento?

– Claro, pero si hay un sistema de subsidios con criterios claros y “universales”, lo que significa que no se asignan por simpatía o antipatía política, se atenuaría la incidencia de la publicidad oficial y su función como dispositivo de alineamiento de empresas de medios, productoras, conductores y periodistas.

El derrumbe súbito de algunas empresas engordadas durante los últimos años con recursos de publicidad oficial (pienso en el grupo Szpolski-Garfunkel, por ejemplo) para funcionar como arietes del oficialismo, una vez que cambia el gobierno y que, en consecuencia, su fuente de ingresos estatal se interrumpe, es muy revelador sobre los manejos de esos empresarios, su nulo control estatal, el impacto sobre los trabajadores (que ahora mismo recaman el pago de sueldos del año pasado) y sobre la audiencia y, lo más importante, el ADN de una política que no vaciló en usar los recursos públicos como sistema de premios y castigos y que se imaginó eterna y por lo tanto, no contingente a los vaivenes lógicos de la alternancia política.

Hay que tener presente que la estructuración del sistema de medios de comunicación de Argentina (y de muchos otros países de la región) dista de ser homogénea y asume formas de funcionamiento fronterizas entre lógicas feudales y capitalistas. Por fuera del bolsón minoritario de los principales (y gigantescos) grupos empresarios, capitalistas consolidados, que mercantilizan sus productos y obtienen importantes ganancias con ellos, el resto de actores, sean empresas u otras organizaciones, son decididamente sensibles a la inyección de recursos a través del Estado, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Si estos recursos siguen sin ser regulados, el comportamiento del sistema político y de medios reproducirá sus taras en perjuicio del interés público.

Buenos Aires, 8 de febrero de 2016

La Tecl@ Eñe – Revista de Cultura y Política

El Gobierno da de baja los llamados a concurso para licencias de TDA y permite a Clarín dar triple play

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Tras sepultar la ley de medios a través de un DNU, el Gobierno ahora dispuso dejar sin efecto los llamados a concurso para licencias de Televisión Digital Abierta (TDA).

La medida se suma al anuncio de archivar todos los planes de adecuación a la ley de medios que aún estaban abiertos y que habían presentado los grupos Clarín, Telefe-Telefónica, Moneta, Jorge Ricardo Nemesio, Manzano-Vila, Cadena 3 y Prisa.

El Decreto de Necesidad y Urgencia 267 que modificó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual habilita además al Grupo Clarín a ingresar ya al mercado del triple play.

El diario Ambito Financiero señala que “hasta esa fecha, Cablevisión ya había preparado la red para prestar los tres servicios pero no había logrado que la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC) le asignara numeración para dar telefonía. Y después salió la ley de medios que la obligó a presentar un plan de adecuación y desinversión. Esa norma legal además le prohibía dar telefonía por ser un servicio público, mientras permitió la subsistencia de lo que existía desde antes, en relación con Telecentro”.

“Ese artículo de la ley de medios, al igual que la cantidad de licencias que puede tener una empresa a nivel país y a nivel local, fueron derogados por decreto 267. De este modo, Cablevisión podría ofrecer triple play si se le asigna numeración, mientras va modernizando a Nextel, la empresa de telefonía celular cuyo 100% acaba de adquirir. Y mientras da la pelea por las frecuencias para dar servicios 3G y 4G que están vacantes”, evaluó el diario.